¿Te has preguntado qué hace que prestes atención a las cosas a las que prestas atención?

¿Por qué lees este post ahora y no otro?

¿Por qué subrayas ciertas líneas en un libro, compartes esos memes y navegas y buscas más?

¿Por qué ciertas ideas te sacuden y emocionan desde muy dentro, de un modo visceral?

¿Por qué unas cosas te maravillan mientras que otras solo te interesan (pero te dejan fría)?

¿Por qué ese tema o actividad podría mantenerte despierta hasta muy tarde sin importar el cansancio ni el sueño?

Es es algo más que curiosidad.

Es algo más que gusto por aprender.

Es algo que te constituye. Que hace que tú seas tú misma/o y no otra persona.

La razón es que tú tienes un gran proyecto de investigación entre manos.

Y éste se expresa como una fuerza que no sucumbe a la inercia de nuestros días, al ritmo loco de la vida actual, al estrés, al cansancio, a la prisa de nuestras sociedades alienantes y sobrecargadas de nada.

Porque si esa cosa-desconocida-pero-presente desapareciera, morirías.

¿Crees que exagero?

Quizá. No lo sé. Pero sí sé, y creo que tú también, que cuando estás trabajando en tu “proyecto de investigación” te sientes VIVA.

Tú sabes a qué me refiero.

Es cuando la vida abandona sus tonalidades grises y monocordes y te baña con cientos de colores y te atraviesa como un torrente de alegría, capaz de barrer el miedo, el sufrimiento, la mezquindad y la cobardía y de llevar tu experiencia vital otra dimensión en la que, joder, ¡realmente merece la pena estar!

Sucede, sin embargo, que en nuestras sociedades con déficit de sabiduría, nadie nos ha enseñado que somos portadores de misterios, de grandes preguntas, de cuestiones existenciales de cuya indagación y realización somos responsables.

Y andamos siguiendo el curriculum oficial desde que nacemos respondiendo a preguntas que no nos hacemos. Cargando, en el mejor de los casos, con una pseudoinvestigación alienante que nos aleja de nuestros más íntimos anhelos.

No somos conscientes de las grandes cuestiones sobre las que damos vueltas y más vueltas, e incluso nos juzgamos duramente por nuestro aparente caos interno, por la extravagancia de nuestros intereses poco prácticos, por no encajar en el currículo oficial.

Pero, ¿sabes? Yo creo que tu atención no obedece al azar ni es caprichosa. Tú andas tras algo.

Pero, como digo, ese “algo” permanece por varios motivos sustraído a tu conciencia.

Quizá esto te haga pensar: el primer paso sería traerlo entonces a la conciencia. Expresarlo verbalmente. Presentarlo de modo lógico. Analizarlo. Pensarlo.

Quizá te sorprenda entonces que te diga que no es necesario que expreses tu proyecto de forma racional, perfectamente resumible en un documento de 500 palabras. La vida no es es una universidad, a Dios/a gracias.

Por lo que sé, basta con que uno CONFÍE en que tiene estas preguntas entre manos.

Eso, ya te habrás dado cuenta y si no lo harás muy pronto, requiere valor. Puede resultar paradójico, pero hay que ser valiente para no vernos a nosotros mismos como insignificantes peones arrojados a una existencia predecible y monocorde, con nulo o escaso poder.

Somos los principales responsable de excitantes proyectos de investigación. Te invito a que paladees esta idea. Mátenla en la boca y finalmente hazla tuya del modo que te sea más auténtico. Verás cómo tu experiencia del mundo cambia. Cómo surge el asombro y esa sensación de estar realmente interesado, emocionado y comprometido con la vida que tenías cuando eras niño.

En resumen, todo tu ser está tratando de responder a ciertas preguntas y no es necesario que definas esas preguntas. Mucho menos que te aferres a un rancio listado de las grandes preguntas filosóficas de la humanidad (Puaj. Abajo con esto).

Basta con que permanezcas atent@ (lo cual sin embargo, puede que sea uno de los mayores retos de tu vida, te lo aseguro).

Atent@ a las preguntas que surgen en ti, a los dilemas que la vida parece platearte de varios modos, a las imágenes que te cautivan, a las palabras que te conmueven, a todo eso que “golpea” y te saca de tu estado de adormecimiento y de una vivencia superficial de la vida.

Atento.

En íntimo contacto contigo mismo.

Comprometido con tu vida.

Atención, intimidad y compromiso. La tríada de toda verdadera autoridad. El origen de la magia.